viernes, 12 de junio de 2009

Evaristo en campos de tierra


Hoy no escribo sobre el Valencia, porque no me apetece, porque ese no es el fútbol de verdad, el fútbol que nos hace vibrar a aquellos que sí sentimos esto como algo mas que un deporte, como una pasión, como una forma de vida que nos lleva a idolatrar a los "buenos". Es decir, que me apetece hablar del fútbol que hemos olvidado en el Valencia. Así que hago una pequeña intromisión en mi propia experiencia para recordar a alguien que jugó conmigo.

Evaristo era ya un veterano cuando a mis 18 años me fichó el Palmera. Palmera es un pequeño pueblo entre Gandía y Oliva, que en aquellos tiempos, en pro de tener mayor calidad de fútbol para los paisanos, tuvo la gran idea de crear un equipo en la liga de empresas, que en poco tiempo jugó división de honor y con ello exhibió en su campo de tierra mucho mas nivel del que podría haber en regionales.

Evaristo hubiera llegado a ser un grandísimo jugador, pero la mala vida, las drogas, el alcohol y ese punto de suerte que separa a un jugador de los grandes estadios, le dejó allí con nosotros. Creo que no he aprendido nunca tanto de nadie en un campo de fútbol. De él aprendí una jugada que en honor a él copié y reproduje varias veces. Evaristo llegaba a la linea de fondo, tras correr la banda, frenaba, hacía el gesto para centrar y con un ligero toque la pasaba entre las piernas del defensa que venía lanzado a evitar el centro. Pocas veces fallaba, muy pocas. Otros detalles me sentí incapaz de copiarlos. De saque inicial, desde el centro del campo, el 7 del Palmera, porque ese era su número, lanzaba directo a puerta. Yo le vi marcar desde ahí, o cuanto menos, el balón, que siempre sorprendía al portero, se estrellaba en el larguero.

Hoy en día aún lo veo a veces. Pasea por el pueblo abrazado a su mujer. Está flaco, porque aunque gracias a Dios ha abandonado aquella mala vida, el alquitrán del camino nos marca también en la vejez. A ella le dice cuando le saludo que, para él, soy uno de los mejores delanteros con los que ha jugado. Ni a la sombra de su calidad he llegado. Y es que Evaristo era bueno, aunque no tuviera quien le diera el premio al mejor de la temporada (de hecho la revista especializada me lo entregó a mi aquel año) ni hacía falta que nuestro Presidente dijera que él era indispensable. Simplemente era bueno y nosotros, que no teníamos su nivel, así lo reconocíamos.



2 comentarios:

Little dijo...

llegaba a la linea de fondo, tras correr la banda, frenaba, hacía el gesto para centrar y con un ligero toque la pasaba entre las piernas del defensa que venía lanzado a evitar el centro

Ya, ya.... ¿y cuantas veces el defensa se llevaba por delante el balón y la pierna al mismo tiempo?

jagdo dijo...

Me has echo recordar aquellos años de juventud.
Que años, ojala volvieran.

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