martes, 25 de noviembre de 2008

El sufrido oficio de futbolista.

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La entrada de los amigos de checheche en su blog me ha hecho reflexionar.

¿Recuerdan el año pasado por estas fechas? El vestuario del Valencia era algo poco mas serio que un burdel. Fernandes, el hoy bravo predator, era un muchachuelo pendenciero, amigo de Amy Winehouse, que vivía con 4 portugueses que se había traido con él que lo arrastraban a la mala vida y la perdición.

¿Y Miguel? Miguel era un fumador empedernido que no se cuidaba como se supone debe hacerlo un profesional. Un jugador que en la oscura noche valenciana se camuflaba para sacar a relucir un verdadero juerguista, un wild party victim.

¿Nadie se ha dado cuenta de que los jugadores solo salen de fiesta cuando pierden? Bueno, algún mal pensado dirá que no es así, sino que la culpa es de los periodistas que sacan a la luz molestas noticias que ponen en el ojo del huracán a determinados jugadores que no son amiguetes suyos, pero yo estoy seguro de que no es así. Yo creo que los jugadores profesionales, cuando las derrotas salpican el impoluto historial del club que les paga, piensan en el aficionado medio, se sienten deshonrosos del escudo que viste su pecho y se refugian en la mala vida para aislarse del dolor que atenaza su orgullo.

De hecho nunca se ha dado el caso de un futbolista que juegue bien y cuyo equipo vaya bien y se haya ido de jarana con sus amigotes hasta las tantas ¿alguien recuerda algún caso?


3 comentarios:

Juan Al dijo...

Creo recordar a cierto brasileño que fue máximo goelador en el Mundila de los USA en el 94... me suena...

hoeman dijo...

Pues está científicamente demostrado que salir de fiesta y empalmar no es lo mejor para después ir a un entrenamiento...

Y admitamoslo, el año pasado Miguel no podía con su alma. Seguro que algo ha cambiado.

Pkdor dijo...

Yo también recuerdo al brasileiro del que habla little. Sí hombre sí, aquel que cuando volvió a su país pactó entrenar cuando le viniera en gana. Y encima cuando lo hacía aparecía en helicóptero